Espacio Bolsilibro
Hace aproximadamente un año (si la memoria no me falla) me encontré con una antología de relatos vampíricos. Este compendio, bajo el sencillo y prometedor nombre de “Vampiros”, corría a cargo de Alberto López Aroca como editor, y reunía siete novelas entorno al tema de los chupasangres escritas por Curtis Garland. “¿Y quién es Curtis Garland?”, me pregunté. Jamás había escuchado su nombre ni leído nada relacionado con él. Así, cuando me puse a informarme, descubrí que “Curtis Garland” era uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Muñoz, autor de más de dos mil novelas para Bruguera. Ya conocía la obra de Marcial Estefania Lafuente, y me constaba que correspondía a una época de ingente producción editorial enfocada a géneros populares y a los lectores de a pie, por su económico precio y su cómodo formato. Sin embargo, nada sabía de Selección Terror o de Espacio, las colecciones de género fantástico de Bruguera. Y así, a través de pequeñas pesquisas, puse un pie en el mundo de los bolsilibros.
En resumidas cuentas, el fenómeno de los
libros de a duro responde a los mismos motivos que la producción de
revistas pulp norteamericanas en la primera mitad del siglo XX, aunque
no con los mismos resultados. Si los autores pulp acabaron por innovar
formal, temática y estilísticamente, consolidándose como una influencia para
toda creación de género posterior, los autores de bolsilibros tenían unas
pretensiones más humildes: el entretenimiento y la diversión. Así, impulsados
por una industria que buscaba producir a bajo coste y sacar beneficios a base
de tiradas inmensas, e inspirados por la ficción de género (ya literaria, ya
cinematográfica), autores como Curtis Garland, Law Space, Lem Ryan o Clark
Carrados se dedicaron a escribir incansablemente, y a realizar una muy valiosa
aportación para las precarias filas del fantástico español, sobre todo en lo
que respecta al ámbito literario. Así, contamos con colecciones de terror y
ciencia ficción con gran cantidad de obras.
Comentarios
Publicar un comentario