Humanoids from the Deep (1980, Barbara Peeters y Jimmy T. Murakami)
Producida por Roger Corman, “Humanoides del abismo” nos cuenta la catástrofe de Noyo, un pueblo costero cuya industria pesquera espera ver un gran cambio con la llegada de una factoría industrial. Sin embargo, en medio de esta pequeña revolución técnica y mercantil, aparece una amenaza mutante surgida del mar: los humanoides, unos mutantes producto de ingeniería genética surgidos del mar.
Si bien la cinta fue dirigida por Barbara
Peeters, Corman, siguiendo su habitual fórmula ARKOFF (de la cual hablaremos en
otra entrada) exigía más violencia sexual. Por ello, contrató a otro director
para que rodase una serie de escenas donde los humanoides violasen a ciertos
personajes. Aún reconociendo las dotes e ingenio producto de Peeters, pensó que
el filme lo necesitaba. La directora, por su parte, resultó molesta y ofendida,
considerando que la violencia sexual hacia las mujeres en el cine denigra su
representación, y que no es algo en absoluto necesario para los desarrollos
narrativos.
A pesar de las desavenencias, “Humanoids from
the Deep” resulta ser una tremenda muestra de lo que el cine de género puede
ofrecer. Divertida, ingeniosa y crítica a partes iguales, me vi sorprendido por
el tratamiento que tiene (quizás involuntario) de cuestiones como la deuda
intergeneracional. Axel Gosseries, filósofo francés que trata este asunto,
plantea que los habitantes actuales de la tierra vivimos en usufructo de ella,
como deudores de quienes nos precedieron y como prestamistas de quienes nos
relevarán. Así, la idea de la naturaleza como préstamo genera una serie de
responsabilidades, entre las que están el cuidado de la ecosfera y el
medioambiente.
Esto puede parecer baladí. Pero hay cierto
momento en la película en que Johnny, un nativo, explica que busca dejar la
tierra tal como sus ancestros se la legaron, cosa que no hace más que
explicitar el mensaje. La idea del préstamo intergeneracional se asienta
definitivamente.
Por otro lado, surge la idea de “terror
intergeneracional”. Reflexionando sobre la película, me di cuenta de dos hechos
decisivos: en la primera escena, el hijo de un personaje muere a manos de los
humanoides; en la última, un humanoide nace del vientre de una humana. Lo que
me parecía una intuición se confirmó, de alguna manera, dando lugar a un terror
donde no sólo es relevante el presente y la amenaza inmediata, sino lo
venidero, lo que ese terror implanta en la realidad. Su legado, en última
instancia.
Muchos otros aspectos son destacables: los
prostéticos, el diseño y creación de los humanoides, la narrativa, la
dirección. El fallo del proyecto genético, explicado como ha de ser para dar credibilidad
al argumento, lo tenemos en la mitad de la cinta. Tal error es resultado
directo de los intereses empresariales, que buscan desplazar la industria local
e implantar un modelo más macro. Corporativismo contra salud ambiental y
economía local. Racismo y explotación. La peli no deja de mostrar su posición,
aun cuando haya lugar para la duda y distintas perspectivas (como es el caso de
Jim, el protagonista).
Con un tono coral, se nos muestra el killing
spree de las criaturas. El apogeo máximo llegar cuando la feria local se
transforma en un festival gore, demostrando el pulso de Peeters a la hora de
tomar las riendas de tal caótica puesta en escena.
Por último, mencionar que el diseño de los
humanoides recuerda inevitablemente a otras cintas como “Creature from the
Black Lagoon”, “This Island Earth”, “Island of the Fishmen” o “Creature from
the Enchanted Sea”. En este sentido, se vuelve a demostrar como el cine de
género es constante deudor de la tradición en la que se encajar, y la película
puede verse como un refinamiento de otros productos cormanianos como “Attack
of the Crab Monsters”.
En definitiva, una delicia audiovisual,
llena de FX prácticos y moñecos.



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